Despiertas y sientes esas sensación de que echas de menos su aliento en tu cuello, sus palabras a media voz, sus abrazos y su compañía.
Sales a la calle y no es tu sitio.
Si, he tenido esa sensación y la tengo diariamente, no quiero despertar en mi cama sino en la suya enrrollada en sus sábanas y en sus manos, y él medio dormido acariciandome el pelo.
UNA HISTORIA.
Una vida normal, una niña de aspecto inocente aunque no de tan poca edad, ya adulta, 18 años.
Decide escapar de su rutina diaria y coger un vuelo a alguna lado especial en el que nunca haya estado y en el que pueda descubrir muchas cosas. Era una época señalada aunque perfecta, era Navidad.
Quería irse porque paso una adolescencia un poco fuera de lo común, a los 14 años tuvo un accidente de coche en él perdió a toda su familia; padre y madre, además de a ellos también su memoria.
Con su demás familia nunca se llevó bien excepto con una tía suya que murió a los dos meses de cumplir ella la mayoría de edad.
Cogió el primer vuelo que se le presentó y se fue corriendo a embarcación.
Mientras esperaba le llamó la atención un chaval que llevaba una gran maleta y estaba sentado solo como ella mirando fijamente una foto.
Llegó la hora de montar en el avión.
Cuando bajó era un aire diferente era todo diferente y no se arrepentía para nada estar de donde venía.
Cogió un taxi y le llevo a un hostal donde se iba a alojar durante su viaje.
Una vez instalada ya en el hostal decidió ir a mirar el pueblo y conocerlo.
Empezó bajando cuestas sin saber a donde iba, apareció en un pueblo muy antiguo pero muy bello, todo era de piedra y había mucho verde por todos sitios. Este lugar le daba sensación de bienestar, sensación que no tenía desde hace mucho tiempo. Entró en un bar, se sentó y bino el camarero:
CAMARERO.- ¡Hola! ¿Qué desea?
ELLA.- Hola, quisiera tomar un chocolate caliente, por favor.
CAMARERO.- Claro que sí enseguida se lo traigo.
De mientras que esperaba el chocolate sacó un mapa del pueblo para ver que es lo que podía visitar y cerca de ese bar se encontraba una plaza grande con maravillosas vistas y cerca de una iglesia según decía la guía, así que cuando terminase en el bar iba a acercarse a tomar unas cuantas fotos.
Llegó el camarero:
CAMARERO.- Aquí tiene usted su chocolate
ELLA.- Gracias pero puede tutearme
CAMARERO.- Vale de acuerdo, ¿Cómo te llamas?
ELLA.- Ja,ja,ja Pues... Mejor dime tú el tuyo- dijo con una gran sonrisa.
CAMARERO.- ¡Uyy! misteriosa .. Yo David.
Empezaron a charlar y cuando miraron el reloj ya se había hecho tarde, pagó el chocolate y se fue.
Anduvo hasta la plaza y se asomó a una baranda que había para divisar el paisaje, se hizo muchas fotos y todas muy bonitas. Se dió cuenta que había una aldea bajando una cuesta y al parecer muy cuca para seguir con sus fotos, así que decidió bajar.
Cuando estaba entrando tuvo una sensación muy estraña como si aquello ya se lo conociese, empezó a adentrarse y llegó hasta un puente que estaba vallado. Se saltó las vallas y pasó el puente, había un enorme prado y en medio de él una enorme casa.
Se adentró y empezó a hacerse mas fotos.
Fue por detrás de la casa y vió un chaval que estaba pintando la casa, se acerco a él:
ELLA.- ¿hola?
CHAVAL.- ¿que hace aquí? esto es propiedad privada.
ELLA.- Ah, lo siento no soy de aquí.
CHAVAL.- Oye, tu me suenas de algo.
ELLA.- Em... ¿tú no estabas en el aeropuerto?
CHAVAL.- ¡Anda que casualidad!
La invitó a pasar y tomar algo, le contó que esa casa era de una familia que la vendió y se cambió de cuidad y sus padres la compraron y ahora que él quería independizarse la estaba arreglando. Le enseñó el resto de la casa y de todo el terreno que tenía.
Una vez terminada la visita guiada él la lleva al hotel y quedaron a la mañana siguiente para desayunar en algún sito.
Él se llevó toda la noche pensando en que le sonaba de algo más que del aeropuerto.
Quedaron en la bar donde ella se tomó el chocolate. Entró y saludó a David y allí estaba él, ya sentado esperándola.
Empezaron a hablar sobre de todo un poco, ella le contó lo de su familia, ya que él le había preguntado que que hacía en aquellas fechas allí y le enseñó una foto de su familia.
Él con lágrimas en los ojos le dijo: mira yo no se si me vas a creer pero conozco a tus padres y sino me crees ven conmigo que vamos a visitar a una vecina de la aldea.
Llegaron a la casa de la vecina y se sentaron con ella y le enseñó la foto, la vecina llorando se levantó le y dió un fuerte abrazo, con el que ella notó una sensanción de calor que bienestar nuevamente pero esta sensación si le sonaba de antes.
Ya desesperada exigió una explicación y claro, la tuvo.
Sus padres eran aquella familia que vivían en la casa de el chaval y toda su infancia se la pasó viviendo en aquel maravilloso lugar. Se desmalló el chaval se la llevó al hospital.
La metieron en observación ya que se había dado un buen golpe, cuando despertó vió al chaval llorando y hablando con una foto, diciéndole: toda la vida buscándola, y llevo dos días con ella y no me he dado cuenta, porque, porque.
Abrió los ojos y dijo:
ELLA.- ¿Porqué lloras? ¿Qué estabas viendo?
ÉL.- Nada, nada, no estoy llorando..
ELLA.- No que va, aver que es eso.
Le quitó la foto y la miró detenidamente, era ella con uno 11 años.
ELLA.- ¿Cómo es que tienes una foto mía de cuando era pequeña?
EL.- Larga historia
ELLA.- Si soy yo supongo que es porque tiene que ver conmigo así que quiero que me la cuentes.
EL.- Cuando vivías aquí con tus padres tú y yo éramos muy amigos, pasábamos todo el día juntos y antes de irte nos dijimos que nos queríamos, lo sellamos con un beso y me distes tu foto, como te ibas nos juramos que nos buscaríamos algún día.
Le dió un fuerte dolor de cabeza, se encontraba mal le venían muchos recuerdos a la vez y todos querían pasar a la vez.
Le dieron el alta, le dijeron que no fue nada y él la llevó al hotel, una vez en la puerta del hotel:
ÉL.-¿Seguro que quieres pasar la noche en el hotel?
ELLA.- Bueno la verdad es que no pero donde la voy a pasar sino.
ÉL.- Pues en la fue tu casa, conmigo.
ELLA.- Bueno vale si es contigo de acuerdo.
Se sentaron en el sofá sin decir una palabra hasta que ella saltó:
Aver puede que yo no recuerde nada pero en estos dos días he sentido algo, algo por ti que no sentía desde hace mucho, siento haber olvidado mi promesa.
ÉL.- Tú no tienes la culpa de olvidarla, y lo entiendo, ¿de verdad que estos días has sentido algo?
Ella reaccionó con un beso.
Todo fue espontáneo siguieron dándose besos hasta la habitación allí comenzaron a desnudarse y siguieron.
A la mañana siguiente estaban los dos enrollados en las sábanas notando el aliento de él en su cuello.
Ella pasó dos semanas más con él, y después volvieron los dos a la cuidad de ella a por su cosas para irse a vivir los dos junto a la que fue la casa de ella y la que es la casa de él, que pasa a ser la de ELLOS.

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